La noche empezaba bien. Entra un señor en el metro dando las "buenas noches" y la parroquia -estamos en una gran urbe- le ignora azorada. ¿Qué querrá este tipo? ¿vendrá para comerse a nuestros niños? Se acerca y me pregunta si me voy a sentar -yo todavía estaba acomodando mis cachivaches en un rincón-, le digo que por favor se siente él. Insisto. Y comienza la conversación. Sí, seguramente había bebido, pero era un hombre agradable. Me invitó a un concierto en un centro latinoamericano en Portazgo el día siguiente a las 12 del mediodía, que ahí me presentaría a unos managers. Cuando llega mi parada nos despedimos con un educado "buenas noches" y un amable "suerte para el concierto, joven" -llevaba la guitarra acústica-. Y el resto del vagón como si estuviesen viendo una de ciencia ficción.
Llego al garito con media hora de antelación y me voy a un bar cercano a tomar un colacao y leer la prensa. Agh, no hay un periódico de verdad. Bueno, pues el gratuito. El rato transcurre agradable -he evitado los lugares "in" de este barrio y me he metido en el Boston, con ese toque decadente encantador, como de algo que fue y ahora simplemente se deja ir-.
Marcos llega puntual, pero nos encontramos con que a las 21 h es cuando se ponen a limpiar. Anda que... A eso de las 21:30 probamos. La Lr Baggs es la bomba -el que compra barato compra dos veces-. Le damos bastantes vueltas pero la verdad es que al final en el concierto estaré comodísimo con el sonido. Una vez más, el equilibrio molti entre mi ansiedad y la pachorra distraída pero insistente de Marcos da sus frutos.
La señora me había dicho que había que empezar a las 22 en punto. Y resulta que no abren la puerta del garito hasta que llegue la camarera. Esta lo hace a las y cuarto, y entonces nos damos cuenta de que algunos colegas, ante nuestra insistencia con la puntualidad, han llegado y se han encontrado la puerta cerrada. Pfff...
Al final empezamos a eso de las 22:35 y muy bien. Uno de los conciertos que más cómodo he estado con el sonido, escuchando perfectamente la voz hasta en las partes más graves, percibiendo los matices y demás. Y como el previo y la pastilla nuevos van tan bien... Pues eso, buen concierto.
Y luego, a cenar al Iberia. Me encanta este sitio. Menú del día a las 2 de la mañana en la glorieta de Ruiz Jiménez. Cena agradable, velada estupenda, cerveza a raudales.
A las 4 en casa. Contento. Si es que también hay días que...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario