El apocalipsis en la tierra, las llamaradas del infierno devorándonos: eso fue lo que vivimos la noche del sábado en Ritmo y Compás. Con doble equipamiento para guitarra y bajo, de manera que a cada lado del escenario hubiese un set completo de cada –lo cual debo decir resulta impresionante, efectivo, y qué coño, ¡de lo más heavy!- y una batería de dimensiones mastodónticas –sobre todo respecto a lo que nos tienen acostumbrados hoy en día los bateristas- la cosa prometía feliz. Matt Pike se presenta sin camiseta, lleno de tatuajes talegueros, entre los que destaca la cabeza de un león dispuesto a morder en la parte baja del torso, su exclusiva guitarra de nueve cuerdas y una sonrisa de oreja a oreja. No es de extrañar, y durante el concierto lo repetirá, lo contentos que están de estar aquí y de ver a tanta gente. Previsto en principio para la sala Mobydick, en seguida hubo de trasladarse el evento a Ritmo y Compás, que finalmente colgó el “no hay billetes”, dejando a mucha, pero que mucha, gente fuera.El concierto, impecable. Abren con un par de temas de “Death is this communion” para luego ir recorriendo todos sus discos hasta cerrar con su mayor hit-single hasta la fecha, “Devilution”. El pipas apaga los amplis, pero por aclamación han de salir a ofrecernos un bis pletórico.
Y así, sí. La banda está probablemente en su mejor momento, y yo lo celebro y brindo por ellos y por los organizadores, gente con amor a estas historias, y a los que da gusto ver crecer de la mano de bandas que lo hacen con ellos. ¡Salud!
SAME OLD (Vitoria, presentando su disco "Contrafacto") + MOLTISANTI
Al evento se suman los sevillanos
Así se resumiría el argumento de esta pieza de aquellos franceses que tras habernos hecho bailar y alucinar con su estética cambiante, tanto en sus clips como en sus presentaciones en directo, pasan ahora al cine. Y sí, digo cine con total consciencia, ya que “Electroma” no es un un videoclip extendido; su ritmo hiperlento, recreándose en cada detalle, lo reafirma, dándole peso y profundidad. Algunos hablarán de niños terribles consentidos y caprichosos... Quizá. ¿Y...?
Es la primera vez que asisto a un concierto en el Wurlitzer de Tres Cruces (metro Gran Vía) y el estreno no podría ir mejor. Sí, señor, qué banda. Salen a comérselo todo, unas palabras en catalán y ahí vamos, encadenan tres pepinazos -algo que harán durante todo el concierto-, y nos subimos a la intensa, lírica -qué buenas letras, y cómo se corean- y rítmica -wences (con unas greñas impresionantes) y albert se salen- propuesta de los de Barcelona. Sólo hay un momento a mitad que parece nos relajamos, pero en seguida recuperan el tono y la recta final y los bises son de antología.